SEPTIMO PASO
HUMILDEMENTE LE PEDIMOS A DIOS QUE NOS LIBRASE DE NUESTROS DEFECTOS
“Come este paso se ocupa de la humildad específicamente, debemos detenernos aquí para considerar lo que es la humildad y lo que practicarla puede significar para nosotros.
El logro de una mayor humildad es ciertamente la base fundamental de cada uno de los Doce Pasos de A.A. Porque, sin cierto grado de humildad, ningún alcohólico podrá conservarse sobrio. Casi todos los A.A. se han dado cuenta también de que, a menos que desarrollen esta apreciada cualidad más de lo que es indispensable para la sobriedad, no tendrán la oportunidad de llegar a ser verdaderamente felices. Sin ella su vida no tiene un fin útil, o en la adversidad, no podrán invocar la fe que es necesaria para afrontar ciertas emergencias.
La humildad como palabra y como ideal, sufre muchos contratiempos en nuestro mundo. No solamente no se comprende la idea; la palabra no es del agrado de muchos. Muchas gentes no tienen ni siquiera un conocimiento superficial de lo que la humildad significa en la manera de vivir. En muchas de las conversaciones que escuchamos a diario, y en mucho de lo que leemos resalta el orgullo que siente el hombre por sus hazañas.”
OCTAVO PASO
HICIMOS UNA LISTA DE TODAS AQUELLAS PERSONAS A QUIENES HABÍAMOS OFENDIDO Y NOS DISPUSIMOS A ENTENDER EL DAÑO QUE LES ACUSAMOS.
“Los Pasos Octavo y Noveno tratan de las relaciones personales. Primero, miramos hacia atrás, y tratamos de descubrir en que nos hemos equivocado; a continuación hacemos un esfuerzo firme encaminado a reparar los daños que hemos causado; y tercero, habiendo limpiado los escombros del pasado, consideramos como establecer la mejor clase posible de relaciones con todos los seres humanos a quienes conozcamos.
Esta es una tarea muy grande. Es una tarea que podemos desempeñar con mayor habilidad cada día, pero que nunca tiene fin. Aprender a vivir con los demás, como quiera que sean, fraternalmente y en paz, es una experiencia conmovedora y fascinante. Todo socio de A.A. ha descubierto que se adelanta poco en el logro de una manera nueva de vivir sino se retrocede a examinar cuidadosamente, sin hacer ninguna omisión, los daños ocasionados a otras personas. Al hacerse el inventario moral, se ha hecho esto hasta cierto grado, pero ahora es el momento de redoblar esfuerzos para poder darse cuenta de a quienes se ha lastimado y en que forma se ha hecho. El volver a abrir heridas, unas antiguas, otras talvez ya olvidadas, y algunas infectadas y dolorosas, parecerá al principio una cirugía inútil; pero si se comienza a hacerlo con buena voluntad, enseguida será aparente su utilidad al darse cuenta de que el dolor va desapareciendo a medida que uno y otro obstáculo va siendo eliminado. Sin embargo estos obstáculos son muy reales. El primero y uno de los mas difíciles, esta relacionado con el perdón. En los momentos en que cavilamos sobre alguna relación torcida con otra persona, nuestras emociones se ponen a la defensiva. Par evitar contemplar el daño que le hemos causado a alguien, enfocamos llenos de resentimientos el daño que esa persona nos ha ocasionado a nosotros. Triunfantes, nos asimos a su mal comportamiento, utilizando como pretexto perfecto para tratar de justificar nuestra conducta o de que sea pasada por alto.
Aquí mismo necesitamos parar en seco. Resulta un contrasentido que la persona que esta llena de defectos censure los de otros. Recordemos que no solo los alcoholicos son atormentados por emociones enfermizas. Mas aun, generalmente es un hecho que nuestro comportamiento cuando hemos estado bebiendo ha exasperado los defectos otros. En repetidas ocasiones hemos colmado la paciencia de nuestros mejores amigos, y hemos hecho que les salga a relucir lo peor que tienen a aquellos que no nos tienen en muy buen concepto. En muchos casos tratamos con otros que sufren tanto como nosotros y a los que les hemos empeorado sus sufrimientos. Si estamos a punto de pedir perdón para nosotros, ¿Por qué no empezamos perdonando a los demás? “…
NOVENO PASO
REPARAMOS DIRECTAMENTE A CUANTOS NOS FUE POSIBLE EL DAÑO QUE LE HABIAMOS CAUSADO, SALVO EN AQUELLOS CASOS EN QUE AL HACERLO PERJUDICARIA A ELLOS O A OTROS
Discernimiento, habilidad para escoger el momento oportuno y cautela. Estas son cualidades que necesitamos cuando demos el Noveno Paso.
Después de hacer la relación de las personas a las que les hemos hecho daño, de haber reflexionado cuidadosamente sobre cada caso, y de haber tratado de asumir la actitud debida para proceder, nos daremos cuenta de que la reparación directa de nuestras faltas divide a las personas que tenemos que abordar en varias clases. Habrá esas a quienes debemos abordar tan pronto como tengamos una confianza razonable en que podemos conservarnos sobrios. Habrá aquellos a quienes solo podremos reparar parcialmente los daños que les causamos si la revelación completa de nuestras faltas ha de ocasionarles mas mal que bien. Habrá otros casos en que debemos diferir la acción, y aun otros en los que por la misma naturaleza de la situación, no lo podremos hacer nunca.
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